Da igual lo que hagan o lo que nos obliguen a hacer, porque siempre habrá una parte de cada uno de nosotros que no será suya.
Los Juegos del Hambre, Suzanne Collins.
¿Sigues ahí arrastrada mientras tu espíritu sangrante va muriendo lentamente ante tu dios sin despegarse aún de ti? ¿Permanece todavía tu férrea mirada surcada de lágrimas posada en el regazo de aquel que un día te rechazó? ¿Insiste tu desdichado corazón, como dicta su costumbre inquebrantable, en mantenerte viva con tenues y dolorosos latidos? ¿Van tus piernas perdiendo color bajo la lluvia, resquebrajándose tu piel entera poco a poco y temblando tus labios cada vez más? ¿Rasgas aún las vestiduras de tu maltrecho cuerpo en eterna agonía? ¿Escuchan tus oídos la melodía de réquiem que ha de acompañarte al sepulcro, allá en el seno de tu divinidad?
Pero "Tierra de Nadie" no tiene por qué ser sólo algo real. La Tierra de Nadie también se puede encontrar, como su nombre bien indica, en un lugar que no tiene gobierno ni mandato. Un lugar donde reina la anarquía, donde los sentimientos son la única ley, donde todos los elementos son distintos entre sí. Un lugar salvaje, cargado de sensaciones y con cierto toque imaginario que no lo hace sino inmortal por el mero hecho de pertenecer al fabuloso mundo de las ideas y la originalidad, del arte puro.