domingo, 31 de mayo de 2015

El gallo rojo está cantando.

-Ven aquí -dijo Sofía. 
Cogió a la niña de la mano y la llevó hasta el rico hombre de negocios.
-Tendrás que procurar que esta niña tenga una vida mejor -dijo.
El hombre, sin levantar apenas la vista de los papeles, contestó:
-Eso cuesta dinero, ya te he dicho que no quiero perder ni una sola corona.
-Pero es injusto que tú seas tan rico y que esta niña sea tan pobre -insistió Sofía.
-¡Tonterías! La justicia solo se practica entre iguales.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Yo empecé con las manos vacías, tiene que merecer la pena trabajar. ¡Eso es el progreso!
-¡Por favor!
-Si no me ayudas me moriré -dijo la niña pobre.
El hombre de negocios volvió a levantar la mirada de los papeles y golpeó la mesa con su pluma
-No eres una partida en mi contabilidad. Vete a la casa de beneficencia.
-Si no me ayudas, incendiaré el bosque -prosiguió la niña pobre.
Finalmente el señor de detrás del escritorio se levantó, pero la niña ya había encendido una cerilla y la había acercado a unas pajas secas, que empezaron a arder instantáneamente.
El hombre rico levantó los brazos.
-¡Socorro! -gritó-. ¡El gallo rojo está cantando!
La niña le miró con una sonrisa burlona.
-Al parecer no sabías que soy comunista.

Jostein Gaarder, El mundo de Sofía

domingo, 24 de mayo de 2015

"¿¡Me estás diciendo que me convierta en un hombre como él!? Un rey existe para su gente. No puede haber rey sin su gente. Él está planeando abandonar a la gente de su país. ¡Eso no es en lo que yo deseo convertirme!" ~Ling Yao
Fullmetal Alchemist: Brotherhood
 




miércoles, 20 de mayo de 2015

Tres tristes tigres triscan trigo en un trigal.
Están tristes y lloran, doloridos
por el halcón que persigue a un caballo magistral.
El caballo no tiene idea
de que bajo la sombra del halcón
Dios le ha dado alas para volar.
Y el halcón sigue volando, salvaje,
persiguiendo a su caballo,
incapaz de alcanzarlo,
dándolo todo y no recibiendo casi nada.
Solo la satisfacción
de ver a su caballo
que cree que es capaz de volar.

jueves, 23 de abril de 2015

¿La Familia Imperial? Sí, sí, claro que los conozco. Al Emperador lo llevaba yo de paseo por la Ciudad Pedrera cuando no era más que un chavalín. De la mano me cogía, así, y señalaba aquí y allá con sus deditos regordetes, alucinando con el colorido de mi ciudad. Como Gobernador, yo no podía por menos que sentirme orgulloso. 
La verdad, lo de sus padres fue una gran pérdida, no solo a nivel nacional y político. Todos lo pasamos mal durante los Años Negros, especialmente los cercanos a la Familia. Aquí, en el país, tuvimos nuestros problemas, ya lo sabes; no obstante, no me voy a poner a parafrasear lo que está ya contado y tanto tú como yo conocemos por nuestra propia piel. El que lo tuvo que pasar peor fue el muchacho esos cuatro años solo por el mundo.
Ya, ya sé que el científico estaba con él, ese tutor suyo tan peculiar. El bueno de Gyga cuidó siempre a su pupilo como si fuera su propio nieto. Ese muchacho no sería hoy lo que es si no hubiese sido por él, aunque a mí la ciencia nunca me interesó del todo. La política es mucho más entretenida, sobre todo para un viejo soltero y desocupado como yo.
¿Qué te estaba diciendo? ¡Ah, sí, la Familia Imperial! ¿Pero la de antes o la de ahora? Bueno, yo sé de todas, así que déjame que te cuente lo que te haga falta. 
Korian era un hombre bastante firme y educó bien a su hijo. La Emperatriz Laila siempre me resultó un tanto extravagante en cuanto a gustos y opiniones, pero no era mala mujer, y sabía dirigir con su marido. Actuaban como un buen equipo, no sé. Sin embargo, ya hemos visto que algunos sectores no estaban del todo contentos. Pero he dicho que no iba a hablar de los Años Negros.
El chaval creció bien aun siendo hijo único. Quizá de tanto pedir hermanos a sus padres en vano se quedó con las ganas y por eso ahora esa traductora le hace el capricho de familia numerosa, ¿no? Je, je, no sabe nada este tío.
Iba contándote que creció bien. Supongo que estas cosas se taparían en caso de suceder, pero por lo que yo sé no tuvo problemas de salud ni nada. Era un niño sano, fuerte y también listo, aunque no tan listo como esa traductora, dicen. Pero supongo que en aquel momento no la conocería; a estas alturas no se aguantarían.
Su padre estaba orgulloso de él y me decía siempre que no había visto nunca a nadie tan capaz para lo que le correspondía. Que su hijo sería un gran líder y que esperaba abdicar con tiempo para verlo cumplir con su labor. Pobre Korian, no era la mejor persona de este mundo pero se merecía ver cumplido ese pequeño sueño. Laila y él hicieron lo que pudieron.
¿Qué dices, que si el muchacho maduró? ¡Claro que lo hizo! ¿A ti qué te parece? ¿Vio a sus padres morir y tuvo que huir del país durante cuatro años sin inmutarse? Imposible. Pero he de decir que parece haberlo sobrellevado bien.
Al parecer cuando regresó buscó refugio en la casa de esa muchacha con la que se ha acabado casando. La traductora, sí. ¿Sabías que es hija de Stella Lupí? ¿No? Pues lo es. A sus padres no se les ha visto el pelo por el Imperio desde los Años Negros. O los mataron o emigraron, ni idea, pero al parecer su hija se las apañó para salvar el pellejo ya desde jovencita. No tendría ni diecisiete cuando el golpe de Estado y tengo entendido que ya la pusieron a trabajar como un peón haciendo eso que ella y pocos saben hacer. Qué valientes los humanistas estos, qué valientes.
Supongo que se conocerían de antes, no sé. El caso es que un día él y su ejército de animales extraños surgieron de la nada y el país se vio sumido en el caos. Por suerte la guerra no duró mucho, ¿eh? Y qué bien que tú y yo estemos aquí. En otras circunstancias estaríamos ya enterrados.
El problema de la guerra fue a qué bando apoyar. Casi todos sabíamos cuáles eran nuestros ideales, pero con un control tan exhaustivo por parte del nuevo gobierno, que ya funcionaba casi a la perfección tras esos cuatro años, era difícil hacer lo que uno quería. Desertar de tu bando sería morir. Entonces había que moverse con cuidado. 
Pero somos un buen país. Supimos salir adelante. Los humanos tropezaremos cuantas veces podamos y más, pero al final siempre nos levantaremos, ¿no? Hay que tener fe. Yo la tengo.
Te estaba hablando de la Familia, sí. El chaval, ya no tan chaval, ganó la guerra y puso orden. Lo hizo bien, muy bien. Me alegré de ver que las predicciones de su padre se hicieron realidad. No hay regímenes perfectos, pero este va en cierto modo sobre ruedas y superando los baches.
El caso es que durante tres años solo se le vio el pelo en lo estrictamente necesario. Se mantuvo bien en su posición y trabajó como una máquina, el pobre hijo de Korian. Hay que tener sangre. Yo lo veía de vez en cuando y me parecía que el renacuajo que me cogía de la mano y se reía de mis chistes malos se había convertido en un hombre de valor y buen uso para su país. Lloraría si fuera más blandengue, pero no lo soy.
Y un día, de la nada, apareció ella. Esa traductora que después de la guerra actuó en pequeñas misiones diplomáticas y tras eso desapareció por completo. Así, sin más. Se perdió del mapa.
Al parecer el niño la conocía de haber estudiado juntos o de relaciones comerciales de su madre y los Emperadores con algunas ciudades. 
Parecía una chica formal. No demasiado guapa, pero sí muy inteligente. Te lo digo porque todo eso está ya escrito en las memorias familiares y porque la conozco personalmente. He cenado alguna que otra vez ya con el Emperador y ella. Me estoy convirtiendo en un viejo cascarrabias y algo verde, pero entiendo bastante bien que el muchacho Korianev se haya fijado en esa mujer. Alguien que ha visto el mundo entero necesita a una persona que sepa hablar todas las lenguas. Tiene sentido. Esa chica es un portento y su marido un luchador. 
Aunque yo, la verdad, no sé bien qué pasó en esos tres años desde que acabó la guerra hasta que la muchacha volvió a la Capital, pues al parecer era nativa de aquí. Puedes leerlo ya si quieres, pero ella misma me ha contado a mí que se instaló en la ciudad de los libros y trabajó y se formó en las bibliotecas de allí. Un lujo para los bichos raros como ella: estanterías llenas de libros y gente con el cerebro lleno de palabras a cada lado de la calle. Lo que sigue siendo una incógnita son los motivos. ¿Por qué se iría justo al acabar la guerra para reaparecer tres años después y convertirse en Emperatriz? No soy tan maleducado como para preguntarles eso, pero me pica la curiosidad. Sería bueno oírla a ella hablar de todo esto, se le da muy bien contar historias.
Cuando se casaron él tenía veinticuatro años, y ella veintitrés. En otras circunstancias habría habido muchas movidas entre el bajo populacho, ya sabes, la gente que se interesa más por vidas ajenas que por la propia -como yo-, pero aún se sentía en la piel el efecto feroz de la guerra, así que nadie le dio vueltas. Pero si sus padres se hubiesen casado sin haber dejado ver antes las formalidades y fuesen ya por el tercer hijo no teniendo ni treinta años... habría sido bastante sonado. Pero vaya, Korian era un tío legal. Estoy seguro de que su hijo también. A lo mejor el secreto se les fue de las manos y tuvieron que correr al altar antes de que creciera el bombo, ya sabes a lo que me refiero. Cosas de viejos verdes.
Tengo entendido que ahora es ella quien lleva las gestiones de diplomacia y tratados. Tiene un equipo de traductores -seguro que ninguno tan capaz como ella- que la respetan como si fuese el mismo Úber. Ya sabes que no toleraba un no por respuesta. Por lo poco que he tratado con ella, puedo decir que es más transigente. 
Ahora tienen, como te he dicho, tres chavalines, y son bien parecidos al padre. Bueno, uno está en camino. Hay que ver, mis hijos ya no me pueden ni ver y esos no hacen más que perseguir a sus padres a todos lados. Al mayor lo tuvieron hace cinco años, y al pequeño, hace tres. Son pequeñas réplicas del padre, aunque por suerte la nariz se la han sacado a la madre. 
Son una familia bastante bonita. Vista desde fuera da una sensación de melancolía, no sé. Yo solo soy un viejo chocho, pero he visto a ese niño crecer y me alegro de que siendo hijo de un buen amigo mío ahora sea feliz. Tiene un cargo importante, pero ha sabido rodearse de gente competente. Si no, probablemente parecería mucho más inútil.
Lo más doloroso para los blandengues como tú y, en secreto, como yo, es pensar que ese pobre chico ha pasado un infierno para llegar a donde está ahora. Visto así, se tiene bien merecido el tener a esa muchacha al lado para darle consuelo. Si mi mujer hubiese sido la mitad de inteligente que Simona Drag-Lupí, yo sería hoy probablemente un viejo felizmente casado y menos verde. 
Es que son para verlos, tú. Hable el que hable, los estás escuchando a los dos. Cuando mi Sonia estuvo embarazada de cualquiera de nuestros hijos, yo buscaba el primer puente por el que tirarme, pero el chaval de Korian no para de decirle a su Simona lo guapa que está con la barriga y le recuerda que no se canse mucho. Al parecer la chica siempre ha estado tocada de algo de la sangre, pero nada de gravedad.
En fin, jovencita, ahí llevas toda la información que querías. Yo solo sirvo como cuentacuentos malo, porque a mí leer siempre se me hizo tedioso. Pero dime una cosa, ¿por qué estás tan interesada en el Emperador y su familia? ¿Piensas pintarlos en tus cuadros? ¿Vas a viajar hasta la Capital para hacerte un hueco en su Corte? Lo tendrás difícil, porque es muy reducida y se limita a sus amigos de confianza de antes de la guerra que, como supondrás, quedarán pocos vivos. Ahora es tu turno, joven artista: cuéntame por qué viajas hacia el Norte, hacia la Capital...

miércoles, 8 de abril de 2015

"Solo queríamos ver la sonrisa de mamá una vez más"

 

Este anime me ha marcado como solo han hecho otros dos. Reconozco no ser una experta en este campo ni haber visto tanto como muchísima otra gente, pero si hay algo que me encanta son las historias contadas de cualquier manera, y esta ha alcanzado mi corazón. El por qué exactamente no lo sé. ¿Serán esos escenarios, tan parecidos a los que imagino yo cuando escribo mis tonterías sobre esa Simona imaginaria? ¿Serán las conexiones entre los personajes, sus lazos de cariño o de inquina, de amor o de odio, de curiosidad o de mera conexión desconocida?  ¿Será el (guapísimo) Edward Elric, protagonista junto a su hermano Alphonse, y ese carácter suyo tan fuerte y decidido del que yo carezco? ¿O será la inteligente Winry, con sus herramientas y su cabeza de tecnóloga?
Ni idea. Todo me gusta, todo es genial. Hasta me ha sacado esas lagrimillas que no derramo ni con los libros.
Así pues, recomiendo Fullmetal Alchemist: Brotherhood a cualquiera que se pase por aquí a leer mis chorradas aleatorias y os deseo una buena entrada de la primavera a todos. ¡Que disfrutéis de esta maravillosa canción! 

Bruma.

martes, 24 de marzo de 2015

Ilusa leona Lannister.

Daenerys Targaryen
Le dedicó una sonrisa de disculpa y le habló de un espectáculo de marionetas que se había hecho muy famoso entre los habitantes de la ciudad: una representación en la que el reino de las bestias estaba gobernado por leones arrogantes y orgullosos. 
-A medida que avanza esta ultrajante historia -continuó-, los cachorros de león se hacen más vanidosos y codiciosos, hasta que empiezan a devorar a sus súbditos. Cuando el noble venado protesta, los leones lo devoran también, y rugen que están en su derecho porque son las bestias más poderosas.
-¿Y así termina? -preguntó Cersei, divertida. Bien mirado, hasta podía ser una buena lección.
-No, Alteza. Al final sale un dragón de un huevo y devora a todos los leones.

George R. R. Martin, Canción de Hielo y Fuego IV: Festín de Cuervos

lunes, 16 de marzo de 2015

Echemos ahora la memoria hacia atrás en el tiempo y miremos en otro plano. Sobrevolemos esta historia dispar que tengo en la cabeza rebobinando hasta alcanzar el punto que no es sino el principio, el germen del mundo creado por un cerebro hastiado que ansiaba viajar más allá de lo que tenía delante.
Nos encontramos entonces en los inicios de los tiempos de esta historia, un relato que aún no cobra forma exacta pero que pretende decir mucho más de lo que aparenta. Este relato contiene miedos, sueños, anhelos; todo ello conjugado en una extraña mezcla de personajes que faltan por nacer o ya no sirven para nada. Es como si mirásemos dentro del caldero de una bruja alocada y desordenada: sería extraño lo que encontraríamos ahí mezclándose, pero si esa bruja es buena seguramente haría una gran poción con sus ingredientes desperdigados.
La pregunta es, ¿es buena la que escribe esto, o por el contrario, se trata de una simple alma perdida que intenta encontrar el Norte cuando en realidad viaja hacia el Sur? Habrá que descubrirlo.
Decíamos que estábamos rebobinando hacia el comienzo de todo, hacia esos primeros rostros que surgieron con un amor idiota e imposible hacia lo inexplicable. Si esa versión de la historia hubiese seguido adelante, ¿qué tendríamos ahora? Muchas veces me lo pregunto.
Suelo sentirme tentada de desandar el camino y dar un salto hacia aquello que desterré hace tiempo, creyendo que enseñaba demasiado de mí misma. Sin embargo, lo que tengo ahora entre las manos parece un arma delatora, mucho más manchada de sangre que la anterior. Siendo así, ¿por qué no volver a la historia original y seguir haciendo de las mías en aquella realidad inicial? A nadie le importa lo que a mí me pase por la cabeza, soy solo una entre los siete mil millones de seres humanos que habitan el planeta hoy.
Como iba diciendo, vuelvo atrás y me encuentro en esa selva inicial. No sé qué mecanismo de mi mente me hace viajar exactamente a ese lugar, pero veo frondosa vegetación, quizás un claro en el bosque junto a una laguna. No nos confundamos: no es la selva de la que todos saben que hablo. No está llena de reptiles ni esconde los mismos secretos que la otra. Esta selva se encuentra en una pequeña isla en el único océano de este enano planeta, y no la habita nadie. 
Allí vemos parada una aeronave hecha enteramente de metal, con enormes remaches y distintas tonalidades de bronce. En lugar de describirla tal y como yo la imagino, os dejo a vosotros que la recreéis en vuestra mente al más puro estilo steampunk de lo que llamamos mundo real. 
Si andamos un par de kilómetros hacia el Norte de la isla, nos encontraremos una laguna profunda conectada por diversas cavidades con el mar que rodea el lugar. Las aguas son cristalinas y permiten ver el fondo, pero a nadie le interesa. Nos vamos a centrar en la pintoresca escena que tiene lugar a unos cuantos metros de la orilla de la laguna. 
Hay tres seres humanos y un enorme animal allí parados. El gurhum presenta un pelaje espeso color canela, y de sus costados salen alas membranosas y suaves que soportan el peso de varios hombres adultos. Sus ojos son distintos: el derecho, verde, y el izquierdo, azul. Podría pasar por un puma en nuestro mundo, de no ser por su gran tamaño y los rasgos mencionados. ¿No es una bestia hermosa? Pues, para colmo, sabe más de lo que cuenta, ya que los gurhum no saben hablar. Pero prosigamos.
Uno de los seres humanos, el más bajito, está ya entrado en años pero conserva la agilidad de sus primeros inviernos. Tiene un poco de pelo alocado y blanco como la nieve, y unas gafillas se ajustan en la punta de su nariz aguileña. Mira con gesto afable a los otros dos seres que hay ante sí, y les habla en su idioma. Les dice que allí corren peligro, que no pueden tardar demasiado en irse a la nave. Pero los otros dos humanos no parecen tener intención de moverse, seguramente porque no pueden.
Una, la única mujer, no ha vivido aún dos décadas completas. Es alta, pero está arrodillada. Su cabello es castaño como las hojas del otoño, y está recogido en una coleta de caballo dejando caer un flequillo coronado por enormes gafas de aviador. Sus ojos son negros, y halos pecosos surcan sus mejillas. Lleva ropa oscura y ajustada de algodón, y le corren profundas gotas de sudor por la frente y el pecho, hacia el interior de la camiseta negra. ¿Lo que le cae de los ojos también es sudor, o son lágrimas?
Es posible, ya que en su regazo reposa una cabeza. No os preocupéis, está unida a un cuerpo humano sano y salvo. Con arañazos, pero a salvo. Se trata de un ser de su especie y más o menos de su edad, del género masculino y considerable tamaño y fuerza. A su compañera le cuesta verlo indefenso, y su profesor nunca pensó que lo tendría así a sus pies desde que era pequeño y tuvo sus últimas fiebres. 
El muchacho tiene un color de piel aceitunado que ha palidecido para dar paso a labios morados y ojeras. El cabello rubio encrespado está mojado, igual que todas las vestimentas. Si abriese los ojos veríamos dos réplicas del azul cielo que tienen estos seres sobre las cabezas, pero por desgracia no lo hace.
Ya le han presionado el pecho, ya ha vomitado toda el agua que le cabía en los pulmones y más. ¿Qué le pasa, entonces, a este humano de fuerza hercúlea y juventud dorada? ¿Qué lo ha debilitado tanto? ¿Qué ha podido sobrepasar las barreras de su hombría y resistenca?
La respuesta la encontramos en la laguna. Unas cabezas bífidas asoman por entre las rocas, acechantes, observando con recelo la presa que han perdido. Podría haber acompañado a los otros hombres hermosos e incautos que forman su colección de cadáveres en vida bajo el agua, pero no lo han logrado. El humano al que intentaron raptar tenía demasiada fuerza y estaba ligado al mundo exterior con un lazo tal que era imposible de romper. Les resultaba especialmente molesto el hecho de que hubiese mirado con desesperación a la humana que lo acompañaba, esa mujer de piel dorada y sangre caliente que nunca en su vida sabría lo que es ser una hembra escorpión del agua. Lo peor de todo era el animal que la acompañaba y que se lanzó en picado a salvar al objeto de deseo de su humana, cobrándose la vida de una de sus hermanas.
Pero las sirenas escorpión ya no podían hacer nada. Entregarían a la compañera muerta a las profundidades de su océano, y dejarían al valioso semental que se marchase con su humana y le hiciese bebés llorones de esos que ellas nunca tendrían. Las crías de sirena escorpión no lloraban, ni eran tan blandas como las humanas. No había ni punto de comparación.
Así pues, las sirenas escorpión se marcharon a su mundo de sueños aguados, mientras el joven de sangre caliente al que habían intentado raptar recuperaba el conocimiento. Abrió levemente los ojos y el sol se reflejó en los mares de sus iris, deslumbrándole. Pronto una sombra lo tapó, un rostro hinchado y sudoroso de cuya boca salían palabras ininteligibles. El joven humano intentó preguntar qué era aquello, dónde estaba y por qué el sol lo deslumbraba, pero de sus labios solo salieron los restos de agua rezagados que quedaban en los pulmones.
El humano rechoncho le palmeó el rostro, le tomó el pulso otra vez y, junto a la otra humana, lo ayudó a incorporarse. Pesaba mucho, pero ella lo sostuvo y lo rodeó con los brazos. Si las sirenas hubiesen estado mirando, les habría parecido un ritual de cariño estúpido y propio de las blandengues mujeres humanas. Pero a la joven que lloraba había dejado de caérsele el mundo encima. Sabía que el joven estaba bien, que respiraba. Lo acunó y le acarició la mejilla en la que ya volvía a crecer la barba dorada, y él se dejó hacer. El humano más anciano miraba y sonreía, recordando juventudes pasadas y tiempos que no volverían. Pensó que todo lo malo pasa, y que frente al peligro siempre quedarían los nexos entre seres humanos que hacían nacer la vida, que movían el mundo y que, en lo tangible, se mostraban de forma parecida a aquel cuadro que observaba ante sí: una muchacha llorosa que sonreía y un muchacho que se dejaba abrazar y respiraba como si acabase de nacer. Sudados, mojados, llenos de arañazos no parecían gran cosa. Cuando tuviesen el destino en sus manos ya sería otro cantar.