viernes, 22 de febrero de 2013

En su escritorio, junto a todos los demás, reposaba el libro que tanto los había unido en un tiempo remoto, que casi parecía de otro mundo. Se trataba de un libro aparentemente como cualquier otro, de tapa dura y edición especial por el centenario de su publicación, que para muchos observadores o críticos literarios resultaba demasiado fantástico, irreal, inmaduro. Sin embargo, para ellos había sido una puerta hacia un espacio atemporal, un lugar donde el alma del artista que lo escribió en su día se había volcado, derramando un torrente de letras que formaban, en conjunto, una historia cazadora de almas mínimamente soñadoras que había tenido a bien cogerlos a ellos dos desprevenidos y juntarlos en mitad de una sociedad que se pudría por momentos. Resultaba demasiado increíble cómo un escritor, sin saberlo, había logrado acercar a dos personas casi completamente opuestas y hacer que sus miradas se cruzasen, que existiese la electricidad entre ellas y que la ciencia o los números matemáticos dejasen de tener sentido en las reacciones químicas producidas en el cuerpo humano. Aquéllo era distinto, nada tenía que ver con las corrientes nerviosas transmitidas de neurona en neurona ni con las hormonas del sistema endocrino que tanto quebradero de cabeza han reportado a los sabios y científicos a lo largo de la Historia. Gracias a este libro se había producido una brecha en el tiempo, dentro de la que habían caído dos almas hambrientas de conocimiento y libertad espiritual que se habían encontrado y, al tiempo que se atraían, no podían evitar repudiarse la una a la otra. Se atraían, se repudiaban; se odiaban y se amaban. Pero lo que no podían eludir era el hecho de que, juntas, viajaban a lugares inimaginados por el ser humano.

jueves, 21 de febrero de 2013

Alejandra se ha metido en nuestras vidas. Es inútil que tratemos de alejarla. Todos y cada uno de nosotros la llevamos dentro. Pero en cada uno de nosotros, Alejandra es diferente y nada tiene que ver ya con la muchacha que compartió un tiempo de nuestra existencia. De aquélla nos quedan su risa y sus canciones, un mohín gracioso y el movimiento ondulante de su cintura bajo los focos de la discoteca. Azul y rojo en flases que se pierden. Alejandra se desdibuja. Se desdibuja y crece el misterio de esa niña distante y ajena. Puedo verla de espaldas en el primer pupitre, atenta y silenciosa. Puedo verla caminando sola entre los árboles aquella noche, junto al río... Oír su voz recitando a Neruda en medio de nuestro silencio sorprendido.

Alejandra, Lola Gándara.

miércoles, 20 de febrero de 2013

I pretend to be made of iron.

Y aquí estoy yo, ocupándome de mis asuntos sola, fingiendo ser quien no soy con un maquillaje que me provoca ronchas en la piel y unos zapatos demasiado pequeños que me impiden casi caminar. Echando de menos al alma gemela que un día se fue y no regresó, así es como paso los días en los que, aunque fuera brille el sol, dentro de mi alma diluvia sin cesar y mi corazón se ahoga cual Noé expulsado de su arca. Día a día soy don Quijote presentando batalla a unos molinos inamovibles y sólidos, creyendo en mi culta locura que se trata de gigantes legendarios. Alzo la vista hacia el cielo y me pregunto a cuánto quedará el reino de la felicidad, ése del que todos hablan y muy pocos saben.
Pero vuelvo a posar los ojos en el suelo, en este miserable mundo que nos ha tocado habitar, y me desengaño con una sonrisa sardónica. Lo que hay que hacer es luchar, pasar por encima de toda esta porquería, hacer a un lado los montones de mugre que nos arrojan cada día los que se creen superiores y aguantarnos las lágrimas como si al derramarlas nos fuésemos a deshidratar.

Creo que con este vídeo sobran las palabras.


sábado, 16 de febrero de 2013

Hablando sobre la vida real...

Me gusta la gente capaz de mandar a tomar por culo sus complejos, desmelenarse y salir a pintar sonrisas en rostros ajenos, aún sabiendo que la sociedad odia sus kilos de más, su poca estatura, sus dientes torcidos o su nariz demasiado grande.
Porque ¿sabes, lector? La verdadera importancia reside en el corazón y en todo aquéllo que lo hace latir con más fuerza.