miércoles, 19 de febrero de 2014
martes, 18 de febrero de 2014
Texto para clase de Proyecto Integrado.
Las nuevas tecnologías, como todo el mundo sabe, son
una enorme facilidad en la vida cotidiana y una gran ayuda para muchas tareas,
tanto a pequeña como a gran escala, que nos es necesario a las personas hacer
hoy por hoy, desde tostar el pan hasta viajar a la otra punta del Globo. Sin
embargo, en los últimos tiempos estas “ventajas” están adquiriendo, como toda
moneda que se precie, una doble cara no muy agradable a la que convendría mirar
de frente.
Para empezar, ese delicioso progreso que ayuda a
curar el cáncer con las avanzadas radio y quimioterapias, cirugía y demás
tratamientos, lo provoca el doble o el triple por otro lado gracias a los teléfonos
móviles y las microondas.
El estupendo sistema global de redes sociales y
medios de acceder a ellas –ordenadores, móviles y demás dispositivos cada vez
más novedosos con acceso a Internet- que mantiene a prácticamente todo el
Planeta en conexión constante (lo cual, en casos como las noticias, es óptimo),
pierde su calidad cuando atrapa a los cerebros como si se tratase de una tela
de araña. Esto último es curioso, porque hace poco leí un libro de Dickens en
idioma original y cuando aparecía el término spider web no me hacía ninguna falta usar el diccionario. Nuestra web es prácticamente lo mismo,
incluyendo al adorable arácnido.
En mi opinión, esta conexión puede ser buena
mientras no se haga permanente, tipo la que causa el actual WhatsApp sin el que ¡oh, Dios! nos
sentimos desprotegidos y marginados. A más de una persona conozco que ve una
tragedia no tener un cargador para el móvil a mano cuando éste se apaga por
falta de batería. Además, hay veces en las que me gustaría decir a mis cercanos
que pongamos todos nuestros teléfonos móviles en el centro de la mesa para que,
quien antes coja el suyo, se encargue de pagar todas las consumiciones. Sería
bastante gracioso, sobre todo porque yo no tengo Internet en el teléfono y no
lo cogería. Se puede decir que la araña no me ha atrapado del todo.
Como iba concluyendo antes de explayarme, la
conexión entre lugares y personas previamente incomunicados puede ser positiva
si se hace un buen uso de ella. Yo soy blogger,
y no me haría mucha gracia cesar mi actividad pre-literaria de golpe por culpa
de un corte permanente de la comunicación. Sin embargo, sí que vendría bien
pasar una temporadita lejos de la araña, a ver qué tal nos sienta un poco de
contacto con nosotros mismos. Quizás nos volveríamos más individuales, más
fuertes. Es muy desagradable haber perdido el concepto del “yo” en el que nadie
se podía entrometer hasta no hace mucho, cuando empezaron a sonar los teléfonos
cada dos por tres con el silbidito de turno. De verdad, da pena.
B.
lunes, 17 de febrero de 2014
Héroes.
Song for the reluctant heroes
Oh Give me your strength
Our life is so short
Dont fall the reluctant heroes
I wanna be brave like you
Oh Give me your strength
Our life is so short
Dont fall the reluctant heroes
I wanna be brave like you
domingo, 16 de febrero de 2014
Esto es un poco triste.
Si os he referido estos detalles acerca del asteroide B 612 y si os he confiado su número es por las personas grandes. Las personas grandes aman las cifras. Cuando les habláis de un nuevo amigo, no os interrogan jamás sobre lo esencial. Jamás os dicen: "¿Cómo es el timbre de su voz? ¿Cuáles son los juegos que prefiere? ¿Colecciona mariposas?" En cambio, os preguntan: "¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?" Sólo entonces creen conocerle. Si decís a las personas grandes: "He visto una hermosa casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el techo...", no acertarán a imaginarse la casa. Es necesario decirles: "He visto una casa de cien mil francos." Entonces exclaman: "¡Qué hermosa es!"
Antoine de Saint-Exupéry, El Principito
sábado, 15 de febrero de 2014
Me he cansado de este ascensor que no me sube a ningún sitio. Quiero montar una revolución contra mi propia cabeza y agitar palos delante del espejo para ver si me doy cuenta de una vez de que cuando una persona se quiere mover tiene que empezar dando un pequeño paso. Estoy harta de ir siempre detrás, con mis gatos, mi inglés, mis hobbits y mis tonterías alrededor, esperando que se me haga caso así, de buenas. Se tiene que acabar el asentir educadamente y sonreír como si no tuviese nada que decir, siempre con tal de no buscar problemas. Se tiene que acabar el derrumbarse por tonterías, el tirar la toalla en todo lo bueno por una pizca de malo que se me meta en el ojo y moleste un poco.
Las cosas que cuento, probablemente, no le interesen a nadie. Me paso la vida quejándome de tonterías que publico en Internet como si hubiese alguien que se fuese a parar a mirarlas tal y como son, carentes de ninguna calidad literaria y de nulo contenido. ¡Pero en algún sitio tenía que verter sus explosiones neuronales esta tigresa adolescente incomprendida!
Así, pido perdón a todos los tecnólogos e informáticos por malgastar píxels, bits -o lo que sea- en estas gilipolleces.
Atte,
B.
Freedom.
Escuchas música que hace que cierres los ojos y des vueltas en tu silla. Eres imparable, invencible. Les sacas el dedo a los sanvalentines y los sanloquesea que se cruzan en tu camino. Sigues dando vueltas y nadie te detiene. Bailas, saltas, gritas, sueñas. Metes las manos en la tierra y las restriegas por las paredes, mientras te ríes del blanco crudo que se vuelve marrón barro. Eres como un gato: ves en la oscuridad, y cazas ratones con tu garra de hierro. La bestia salvaje que se esconde detrás de tu juventud impoluta sale de su hueco lista para el festín. Sobre el suelo que pises nunca volverás a caer. Sigues jugando a romper tus propias reglas. Si tu brújula se rompe, te buscas otra que apunte al Sur, a ver qué hay por allí. Tiras los dados y sacas un siete y medio. Te conviertes en dragón y giras sobre tu propio cuerpo mientras haces piruetas en el aire...
B.
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