domingo, 6 de septiembre de 2015

Dejadme, no me hagáis bajar.
Dejadme arriba en las nubes con mi magia, mis dragones, mis sirenas.
Dejadme arriba con mis batallas contra orcos, con mis crines de unicornios, con mis castillos encantados.
Dejadme arriba con mis princesas luchadoras y mis príncipes cobardes.
Dejadme arriba con mi alquimia, mis exorcismos, mis distopías, mis viajes en el tiempo.
Dejadme con mis hordas de amazonas luchadoras, con mis dioses griegos, con mi Pendragón y su bruja malvada.
Dejadme con Ondina, hundida y acabada pero siempre soñando.
Dejadme, soltadme, no me agarréis de los pies.
No tiréis de mí. No me hagáis bajar.
Dejadme arriba enfrentando cualquier peligro, vampiros, hombres lobo, hechiceros. Dejadme que luche contra ellos.
Pero no me hagáis luchar conmigo misma. No me hagáis verme delante del espejo, de la realidad, de los demás.
No, no me hagáis esto.
Quedáos la realidad, que no la quiero.

miércoles, 24 de junio de 2015

Recordó aquella vez en que había enganchado una de las dos agujas que iban en pareja. El macho dejaba siempre que la hembra comiera primero, y el pez enganchado, la hembra, presentó una pelea fiera, desesperada y llena de pánico que no tardó en agotarla. Durante todo ese tiempo el macho permaneció con ella, cruzando el sedal y girando con ella en la superficie. Había permanecido tan cerca, que el viejo había temido que cortara el sedal con la cola, que era afilada como una guadaña y casi de la misma forma y tamaño. Cuando el viejo la había enganchado con el bichero, la había golpeado sujetando su mandíbula en forma de espada y de áspero borde, y golpeando su cabeza hasta que su color se había tornado como el de la parte de atrás de los espejos; y luego cuando, con ayuda del muchacho, la había izado a bordo, el macho había permanecido junto al bote. Después, mientras el viejo levantaba los sedales y preparaba el arpón, el macho dio un brinco en el aire junto al bote para ver dónde estaba la hembra. Y luego se había sumergido en la profundidad con sus alas azul-rojizas, que eran sus aletas pectorales, desplegadas ampliamente y mostrando todas sus franjas del mismo color. Era hermoso, recordaba el viejo. Y se había quedado junto a su hembra. 

Ernest Hemingway, El viejo y el mar

sábado, 13 de junio de 2015

La dejaría... correr aventuras, que eligiera su propio camino. Sería muy duro... De hecho lo fue, pero lo haría. No del todo, por supuesto. Hay tareas que no se deben abandonar: lavarse los dientes, estudiar aritmética... Pero Maia se enamoró profundamente del Amazonas; a veces ocurren esas cosas: ese lugar estaba hecho para ella, y su gente también. Claro que hubo ciertos peligros, pero los hay por todas partes. Hace dos años, en este colegio hubo un brote de tifus y tres niñas murieron. En estas calles, todas las semanas los caballos atropellan y matan a unos cuantos niños. Cuando estaba viajando, explorando y recopilando sus canciones, Maia no era simplemente feliz; era... ella misma. Creo que algo se le rompió por dentro cuando sus padres murieron, y allá en Brasil se curó. Quizá yo esté loca, y el profesor también, pero creo que los niños han de elegir su destino... si tienen la capacidad de hacerlo. Y Maia lo tiene.

Eva Ibbotson, Maia se va al Amazonas

lunes, 1 de junio de 2015

Dejadme entrar, que bien puedo, en consejo de los hombres; que bien puede una mujer, si no a dar voto, a dar voces.

¡Por muchas razones!
Y sean las principales, 
porque dejas que me roben
tiranos sin que me vengues,
traidores sin que me cobres.
Aún no era yo de Frondoso,
para que digas que me tome,
como marido, venganza,
que aquí por tu cuenta corre;
que en tanto que de las bodas
no haya llegado la noche,
del padre, y no del marido,
la obligación presupone;
que en tanto que no me entregan
una joya, aunque la compre,
no ha de correr por mi cuenta
las guardas ni los ladrones.
Llevóme de vuestros ojos
a su casa Fernán Gómez;
la oveja al lobo dejáis
como cobardes pastores.
¡Qué dagas no vi en mi pecho!
¡Qué desatinos enormes,
qué palabras, qué amenazas,
y qué delitos atroces,
por rendir mi castidad
a sus apetitos torpes!
Mis cabellos, ¿no lo dicen?
¿No se ven aquí los golpes, 
de la sangre, y las señales?
¿Vosotros sois hombre nobles?
¿Vosotros, padres y deudos?
¿Vosotros, que no se os rompen
las entrañas de dolor,
de verme en tantos dolores?
Ovejas sois, bien lo dice
de Fuente Ovejuna el nombre.
¡Dadme unas armas a mí,
pues sois piedras, pues sois bronces,
pues sois jaspes, pues sois tigres...!
Tigres no, porque feroces
siguen quien roba a sus hijos,
matando los cazadores 
antes que entren por el mar,
y por sus ondas se arrojen.
Liebres cobardes nacisteis;
bárbaros sois, no españoles.
¡Gallinas! ¡Vuestras mujeres
sufrís que otros hombres gocen!
¡Poneos ruecas en la cinta!
¿Para qué os ceñís estoques?
¡Vive Dios, que he de trazar
que solas mujeres cobren
la honra de estos tiranos,
la sangre de estos traidores!
¡Y que os han de tirar piedras,
hilanderas, maricones,
amujerados, cobardes!
¡Y que mañana os adornen
nuestras tocas y basquiñas, 
solimanes y colores!
A Frondoso quiere ya,
sin sentencia, sin pregones,
colgar el Comendador
del almena de una torre; 
de todos hará lo mismo; 
y yo me huelgo, medio hombres, 
porque quede sin mujeres
esta villa honrada, y torne
aquel siglo de amazonas, 
eterno espanto del orbe.

Lope de Vega, Fuente Ovejuna

domingo, 31 de mayo de 2015

El gallo rojo está cantando.

-Ven aquí -dijo Sofía. 
Cogió a la niña de la mano y la llevó hasta el rico hombre de negocios.
-Tendrás que procurar que esta niña tenga una vida mejor -dijo.
El hombre, sin levantar apenas la vista de los papeles, contestó:
-Eso cuesta dinero, ya te he dicho que no quiero perder ni una sola corona.
-Pero es injusto que tú seas tan rico y que esta niña sea tan pobre -insistió Sofía.
-¡Tonterías! La justicia solo se practica entre iguales.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Yo empecé con las manos vacías, tiene que merecer la pena trabajar. ¡Eso es el progreso!
-¡Por favor!
-Si no me ayudas me moriré -dijo la niña pobre.
El hombre de negocios volvió a levantar la mirada de los papeles y golpeó la mesa con su pluma
-No eres una partida en mi contabilidad. Vete a la casa de beneficencia.
-Si no me ayudas, incendiaré el bosque -prosiguió la niña pobre.
Finalmente el señor de detrás del escritorio se levantó, pero la niña ya había encendido una cerilla y la había acercado a unas pajas secas, que empezaron a arder instantáneamente.
El hombre rico levantó los brazos.
-¡Socorro! -gritó-. ¡El gallo rojo está cantando!
La niña le miró con una sonrisa burlona.
-Al parecer no sabías que soy comunista.

Jostein Gaarder, El mundo de Sofía

domingo, 24 de mayo de 2015

"¿¡Me estás diciendo que me convierta en un hombre como él!? Un rey existe para su gente. No puede haber rey sin su gente. Él está planeando abandonar a la gente de su país. ¡Eso no es en lo que yo deseo convertirme!" ~Ling Yao
Fullmetal Alchemist: Brotherhood
 




miércoles, 20 de mayo de 2015

Tres tristes tigres triscan trigo en un trigal.
Están tristes y lloran, doloridos
por el halcón que persigue a un caballo magistral.
El caballo no tiene idea
de que bajo la sombra del halcón
Dios le ha dado alas para volar.
Y el halcón sigue volando, salvaje,
persiguiendo a su caballo,
incapaz de alcanzarlo,
dándolo todo y no recibiendo casi nada.
Solo la satisfacción
de ver a su caballo
que cree que es capaz de volar.