domingo, 27 de octubre de 2013

Alejadme de este mundo de falacias donde nada es lo que parece y todo es lo que nunca antes había sido. No quiero acercarme más a esta araña que teje su tela a mi alrededor sin que yo me dé cuenta; todo el rastro que deja a su paso es dolor, dolor incluso en la misma tierra ártica, con sus frías, solitarias e insensibles noches heladas. Lo que esta araña hace es tejer una red de amargura que atrapa a todo aquel que ose acercarse un poco, ya sea por cariño hacia ella o mera curiosidad. Es una red pegajosa y sucia que por su blancura hace el amago de parecer limpia, pero no lo está; todo en ella es miseria escondida y llantos apagados en la penumbra de los sótanos.
Quiero que alguien venga y huya conmigo, salvándome de la suciedad que esta telaraña está incubando y que se me está metiendo dentro de los huesos. Me da igual si el salvador está enamorado de la luna, si revolotea entre las flores o si hace cualquier otra cosa; lo que necesito es que alguien me aleje de esto y se quede conmigo en un lugar donde seamos inmunes a toda la porquería que se cultiva alrededor del mundo. 
Está en la atmósfera que nos rodea, es el aire que respiramos; la pisamos al caminar sobre la tierra y nos bañamos en ella cuando nadamos; nos calentamos con su calor en el invierno y es su luz la que nos ilumina todas las mañanas...
Es ella: mortal, inquietante, sombría; ella, con toda la gris oscuridad que arrastra consigo; es ella... la mentira.

B.

sábado, 12 de octubre de 2013

Beautiful.

Últimamente sólo publico música.


Supongo que porque es lo que más necesito.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Pobre pajarillo enjaulado.

La joven había derrochado su vida en la calle, en los más pestilentes burdeles y antros de Londres; mas aún quedaba en ella algo de esa primitiva naturaleza femenina, y al oír unos pasos ligeros que se acercaban a la puerta frontera al lugar por donde entrara y pensar en el inmenso contraste que se ofrecería un momento después en la reducida estancia, sintiose agobiada por el peso de su propia vergüenza y acobardose hasta pensar que difícilmente podría soportar la presencia de aquella con quien buscaba esta entrevista.
Mas en pugna con todos estos buenos sentimientos estaba su orgullo, defecto de los más ruines y envilecidos seres, no menos que de los más altos y encumbrados. La mísera compañera de ladrones y rufianes, el triste desecho de las hórridas guaridas, cómplice de la escoria de cárceles y penales, que vivía también a la sombra del patíbulo; este mismo ser degradado sentíase aún con demasiado orgullo para dejar entrever un destello de ese sentimiento femenino que ella consideraba debilidad y que era el único que la unía aún a esa humanidad que tan borrada quedara de su disipada vida desde niña.

Charles Dickens, Las aventuras de Oliver Twist

sábado, 14 de septiembre de 2013

Sé el rey del mundo por unos instantes.

Pulsa aquí y sencillamente cierra los ojos. Imagina que te encuentras al borde de un acantilado perdido en el rincón más remoto de la Tierra y tu cuerpo está cubierto tan sólo por una fina túnica de gasa. El viento azota tus cabellos, no importa si largos o cortos, mientras una lluvia suave pero persistente os envuelve enteros a ti y al horizonte, sobrepasando los límites allá donde alcanza tu vista.
Respiras profundamente y sientes el agua colarse por entre la gasa y penetrar en cada poro de tu piel al tiempo que adelantas un pie descalzo sobre la hierba hacia el borde, y a éste sigue el otro. Poco a poco vas caminando, pasito a pasito, hasta llegar al punto donde el aire corta la tierra y no hay más; sólo agua, rocas y abismo.
Miras en derredor y observas las nubes moverse en el horizonte. Hay un punto luminoso entre ellas, y supones que se trata del sol, ese astro tan venerado durante milenios por tus antepasados.
Poco a poco extiendes los brazos y dejas que el agua vaya resbalando hacia el suelo por ellos. Tu pecho se hincha con el puro aire impregnado de salitre y entonces, justo entonces, te dejas caer y...

B.