sábado, 27 de septiembre de 2014

El espíritu celta que hablaba gaélico y trotaba por praderas irlandesas.

Me pregunto qué le pasó a ese corazón vestido de verde
que con sus prendas de seda danzaba al viento
escuchando una música procedente de arpas y gaitas con olor a mar.
No sé dónde se encuentran ahora los ojos
que veían dragones salir de entre la bruma a través de la ventana
y que se cerraban fuertemente con la esperanza de volar entre las nubes
al abrirse otra vez.
La niña llorona se volvió apática
y se comporta como si nada de eso tuviera cabida
en su recién construido palacio de cristal.
El espíritu celta
que hablaba gaélico
y trotaba por praderas irlandesas.
Ya no hay gato encerrado porque su misma dueña lo dejó salir.
El perro de tres cabezas yace dormido en un sorral de arena blanca,
su cadena puesta al cuello pero ya sin fuerzas para intentar romperla.
Hoy no quedan ya canciones en inglés de las islas,
ni música de violín,
ni pieles de ciervo colgando de los hombros del hada Morgana.
Arturo yace muerto en Avalón
y Excalibur se hundió ha ya mucho tiempo entre las nieblas de su lago.

Pero a lo mejor la niña llorona aún sigue soñando.

viernes, 26 de septiembre de 2014

¿Conoces ese momento
en el que dejas de ser quien eres de verdad
para convertirte en otra persona completamente diferente
a la que no conoces de nada?
¿Te suena ese instante
en el que te elevas de tus pies
y te dejas llevar por olores, sabores y sensaciones
que hasta entonces te habían pasado inadvertidas,
y que de algún modo se llevan una parte de tu alma
a algún lugar que no conoces, muy lejos de ti?
De pronto se te olvida si preferías el helado de chocolate al de nata,
si te gustaba comer macarrones los martes o los miércoles,
si por las mañanas te vistes antes de desayunar o después.
Olvidas cosas tan estúpidas, tan tontas,
que incluso a ti te parece gracioso el no saber quién eres
ni hacia dónde vas.

jueves, 18 de septiembre de 2014

El lamento de una mujer rota.

"¡Tiene razón, tiene razón! ¡Siempre, siempre tiene razón! Es cristiano, es generoso... Pero ¡cuán vil y despreciable! ¡Y nadie lo comprende, excepto yo! Jamás podrán comprenderlo, ni yo explicarlo. Para los demás es un hombre religioso, moral, honrado, inteligente... Pero no ven lo que yo he visto. No saben que durante ocho años ese hombre ha ahogado mi vida, cuanto en mí había de vivo, sin pensar jamás que soy una mujer de carne y hueso que necesita amor. No saben que me ofendía constantemente y se sentía satisfecho de sí mismo. ¿No he procurado con todas mis fuerzas hallar la justificación de mi vida? ¿No he tratado de amarle y luego de amar a mi hijo cuando ya no podía amarle a él? Pero llegó el momento en que comprendí que no podía seguir engañándome, que vivo, que no tengo la culpa de que Dios me haya hecho así, que necesito vida y amor. Si me hubiera matado, si hubiera matado a Vronsky, yo lo habría soportado todo, le habría perdonado... pero él no es así...
¿Cómo no adiviné lo que iba a decidir? Hace lo que es propio de su ruin carácter. Seguirá viviendo conmigo ya caída. Él se quedará con la razón y a mí me hará sucumbir, me humillará cada vez más... (...) Ésta es la amenaza por la que me va a quitar el niño, y seguramente su ley estúpida lo hace posible. ¿Acaso no sé por qué me lo dice? No cree en mi amor a mi hijo, o más bien lo desprecia. Siempre se burlaba de este amor. Sí, desprecia este sentimiento, pero sabe que no he de abandonar a mi hijo, porque sin él no me es posible vivir, ni siquiera con el hombre a quien amo; y, en todo caso, si le dejara y huyera, había de obrar como una mujer más baja y más deshonrada aún. Sí, lo sabe y le consta que no tendré fuerzas para hacerlo.
Nuestra vida debe seguir como antes. (...) ¡Pero esa vida, antes, era penosa y, últimamente, horrible! ¿Cómo será, pues, de ahora en adelante? Y él no lo ignora, sabe que no puedo arrepentirme de lo que siento, de lo que he hecho por amor. Sabe que nada puede resultar de esto sino mentira y engaño, pero él necesita continuar martirizándome. Le conozco: sé que goza y nada en la mentira como un pez en el agua. Pero no le proporcionaré ese placer. Romperé la red de mentiras en que quiere envolverme y será lo que Dios quiera... Todo antes que la ficción y el engaño.
Pero ¿cómo lo podré hacer? ¡Dios mío, Dios mío! ¿Habrá habido nunca en el mundo mujer tan desgraciada como yo?"

Lev N. Tolstói, Ana Karenina

lunes, 25 de agosto de 2014

Cuando mires el cristal roto que reposa en tu mesita, velando el dulce sueño en el que caes cada noche, y no veas un ojo almendrado observándote desde esa transparencia, te acordarás de mí.
Cuando huelas en el armario ese aroma familiar a manzana, libro nuevo y puede que jabón de suave aloe, no estando ya esas prendas que antes lo despedían de forma intermitente, te acordarás de mí.
Cuando tu paladar deguste la acidez de una naranja soliviantada con suave canela y caigan en tu lengua tres gotitas de amargo limón que te hagan apretar los ojos, te acordarás de mí.
Cuando escuches el son de la suave arpa, el estridente llanto de la llorona gaita o el grito sordo de guerra salido de un tambor de cuero, te acordarás de mí.
Cuando roces el suave pelaje de un gato atigrado con ojos verdes, brillantes en la noche traicionera, y sientas su ronroneo cálido bajo la piel, te acordarás de mí.

Pero quizás ese gato sea mío, que busca tus caricias porque sabe que yo hago lo mismo; también mía esa música, que endulza mis oídos cuando tú casualmente pasas cerca; míos esos alimentos, que degusto cualquier noche en la que no necesito nada más; mío ese olor, y mía la ropa que lo despide, aún en el armario; y mío ese ojo, que en realidad nunca desapareció del cristal ni dejó de velar por que tuvieras dulces sueños.

A lo mejor nunca me fui. Simplemente me engañé a mí misma pretendiendo ser invisible. Y tú te lo creíste también.

sábado, 9 de agosto de 2014

Fantastic beasts & Where to Find Them

Sólo me resta advertir a cualquiera que haya leído este libro sin comprarlo que tiene la maldición de los ladrones. También quiero aprovechar esta oportunidad para asegurar a los muggles que las asombrosas criaturas que se describen a continuación son imaginarias y no pueden hacerles daño. A los magos, simplemente les digo: Draco dormiens nunquam titillandus.

Albus Dumbledore.

J. K. Rowling, Animales fantásticos y dónde encontrarlos de Newt Scamander

viernes, 8 de agosto de 2014

Hasta el final... y puede que más allá.

Buenas noches a quien se digne a perder el tiempo en este blog de pacotilla que me tomo la molestia de ir actualizando cuando me surge algo que escribir. Hoy vengo aquí a volcarme porque creo que lo que tengo que decir es complicado de explicar y no hay nadie por aquí cerca a quien decírselo.
Resulta que hace bastante tiempo, cuando yo tenía ocho años y hacía la Comunión, una antigua niñera me regaló un libro. Yo por ese entonces ya era una lectora voraz -y no soy falta de modestia si digo que fui una niña bastante precoz-, pero el libro que me puso en las manos era uno que nunca me había llamado la atención. Se titulaba Harry Potter y la Cámara Secreta. Obviamente, a mí ya me sonaba de oídas el nombre de aquel niño mago que protagonizaba tan famosos libros y, a posteriori, películas. Sin embargo, no me había dignado a leer sus aventuras, y si leí ese libro fue, sencillamente, porque en casa no tenía otra cosa mejor que leer.
Se trataba del segundo de una saga de siete volúmenes, el primero de los cuales me apresuré a conseguir para comprender mejor la historia tras haber devorado ávidamente ese que obtuve primero. Así comenzaron mis andanzas junto al niño que sobrevivió: comencé su vida con él la noche en que quedó huérfano, sufrimos juntos los diez años que pasó en casa de sus aborrecibles tíos y vivimos con ilusión su entrada al mundo mágico, en el cual era enormemente reconocido por tratarse del bebé que venció al mago más tenebroso de todos los tiempos.
Pasé tres años de mi vida esperando impaciente las Navidades y mis cumpleaños para obtener un número más de la que se estaba convirtiendo en la saga de mi vida. Si bien ahora mismo mi libro favorito es otro cuyo título no viene a cuento, Harry Potter es la historia que marcó mi infancia a fuego y, por consiguiente, me transformó en la persona que soy ahora y en la adulta en la que me estoy convirtiendo. De esa fantástica historia salieron mis primeros amigos imaginarios y con ella comencé a asimilar conceptos como el amor, la lealtad, el esfuerzo, la sabiduría y la astucia, por no hablar de la maldad. 
Creo que estos libros me enseñaron a buscar y valorar lo mejor de cada ser humano, a distinguir los matices que hacen a una buena persona no tan buena y a una mala algo mejor de lo que parece ser; acompañé a los protagonistas -y a todos los demás- mientras luchaban en una guerra que no tenía nada que ver con cañones ni soldados y, en definitiva, acogí en mi corazón a esta historia como "mi" historia. Este es el cuento de la niña que se enamoró un día de la historia del niño que sobrevivió, y yo os lo cuento porque siento que necesito que alguien, aunque no me conozca ni haya visto nunca mi cara y esté lejos de mí, lo entienda y sonría al leer estas palabras, o por lo menos no le suenen a chino. 
Porque hay historias que nos hacen abrir los ojos de la impresión durante unos pocos momentos, e incluso derramar unas pocas lágrimas; ésas son las historias corrientes, las que pasan ante nuestros ojos porque sí y se quedan en el rincón de nuestra mente dedicado al semiolvido. Sin embargo, hay otras que llegan de casualidad, a las cuales no concedemos mucha importancia y que pensamos que van a ser como las demás, pero que, por algún extraño motivo o movidas por una coincidencia muy grande, acaban siendo recibidas con los brazos abiertos y nos dejan una cicatriz, hecha con tinta indeleble en el mismo corazón, que significa que modelaron un pequeño trocito de nosotros y que, por suerte o por desgracia, vinieron para quedarse.