martes, 6 de mayo de 2014

Diario inédito de Simona la viajera.

21 de abril, 2014
He de decir que Roma y su encanto me han tocado la médula. Comenzando con las murallas de la ciudad y siguiendo con el enorme Coliseo -"colosal"-, hoy un torrente de imágenes de la mágica ciudad han inundado mi cabeza de pobre escritora, a la vez que toda la información físicamente asequible -debido al poco tiempo- ha entrado a mi cabeza en un vano intento de ser retenida al completo. Qué se le va a hacer.
Cuando paseo por esas calles adoquinadas, plagadas de turistas, mi mente divaga acerca del origen de esas piedras, qué rey, emperador o posterior papa las mandó edificar, cuánta y de dónde es la gente que las ha pisado, qué ideas se han compartido gracias a ellas; ¿cuántos amores, odios, celos, sueños, pesadillas o esperanzas han nacido en tu seno, vieja Roma? Al abrigo de tus rojas murallas se mueve una hormigueante marea humana en la que se mezclan pieles, miradas, cabellos, rasgos, lenguajes y opiniones; hoy me he escondido, como ellos, a la sombra de esa fiera loba que amamantó a tu fundador y su hermano, esa loba mítica que ahora me mira en forma de souvenir con ojos tan penetrantes como vacías son sus cuencas.
Han sido miles las voces que he escuchado, los rostros que he visto, las lenguas que a mi alrededor se han hablado. Siglos de historia de la Humanidad me han acompañado hoy y lo harán, supongo, el resto de mi vida, ahora que al fin conozco este rincón en el mundo del que alguien tanto me habló en cierta ocasión.

22 de abril, 2014
"KEEP CALM AND VISIT ROME"
Hoy, al fin, he tenido el gusto de conocer la morada del Señor Papa. Si bien no se me ha permitido deleitarme con los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, sí que he podido, tras una larga cola, adentrarme en la inmensa y pomposa Basílica de San Pedro ("Pietro") para descubrir los pocos de sus mágicos secretos que no se encuentran vedados a los turistas y curiosos.
Supongo que anoto aquí este viaje porque, aparte de que no tengo otra superficie privada sobre la que escribir, este viaje es una especie de sueño, algo que no voy a repetir en la vida -no de esta manera- y que cada uno de los días que dura me trae algo especial que guardar en el corazón. Hoy, como decía, le ha tocado el turno a la capital de una de las religiones más extendidas del mundo -y algo controversa, dependiendo de por dónde se mire-: la Ciudad del Vaticano, centro y sanctasantórum de la fe de millones de personas. Me gustaría poder decir que he cumplido el sueño de mi vida, que me siento completamente llena ya que he pisado esas piedras sagradas, pero lamento admitir que me es imposible. Yo carezco de esa fe ciega que lleva a tanta gente diferente a unificarse bajo un mismo símbolo, ya sea cruz, media luna o cualquier otro grabado. Sin embargo, algo en mi interior se ha revuelto en un cosquilleo de ilusión ante la idea de estar en el centro del arte renacentista, allí donde los grandes (Rafael, Miguel Ángel, Leonardo y compañía) pusieron su granito de arena -más bien enorme roca- en lo que hoy conocemos como Historia del Arte.
Algo anecdótico es que he intercambiado unas palabras en francés con un miembro de la prestigiosa Guardia Suiza. Si bien ha sido pura suerte y algo breve, se trata de algo que nunca pensé que haría ni aun viniendo al Vaticano. En mi cabeza ha surgido la idea de introducir mujeres en el prestigioso cuerpo de guardias. Algo me dice que la Iglesia no pondría muy buena cara.
El Vaticano y sus famosas columnas, que representan los brazos del Papa acogiendo al pueblo en su seno, no han conseguido atrapar del todo a este pobre corazón viajero. Será, supongo, debido a que ayer gasté toda mi melancolía de bolsillo entre las ruinas de la poderosa Roma.

23 de abril, 2014
Florencia. "Firenze". Hermosa ciudad de la Toscana. Hoy me he perdido por entre sus callejuelas atestadas de gente. Esos edificios me han recordado -por mi querida Cristina, no lo he podido evitar- a la bella Granada: Florencia representando el corazón italiano y Granada como símbolo de la tradición andaluza. Ambas ciudades con un encanto particular del que los corazones viajeros como el mío se enamoran.
Hoy he deseado tener las botas de Mercurio, con las que Perseo mató a Medusa, para sobrevolar esta encantadora ciudad que me ha dejado exhausta con un deambular de más de seis horas. Neptuno sin tridente observaba, poderoso, a la multitud heterogénea -aunque no lo fuese tanto para sus ojos de dios- que pasaba a sus pies. Las sabinas, primeramente sometidas y más tarde poderosas, alzaban sus rostros pétreos observando la plaza de los Médicis, allá junto al castillo que pisó nuestra compatriota Leonor de Toledo.
Incluso el helado sabe mejor si se toma en esta ciudad de la Toscana. La catedral, tan exuberante en la fachada externa, no fue construida para ser sino una sala de reuniones, pero ni siquiera eso es capaz de hacerla perder su belleza. La cúpula es, de hecho, impresionante: se trata del sueño hecho realidad de un arquitecto al que, como a muchos otros artistas a lo largo de la Historia, consideraron loco. Protestas y abucheos hoy transformados en teja, mármol y piedra.
Justo frente a la puerta de la inmensa catedral se encuentra el Baptisterio, cuya entrada tiene relieves dorados de escenas del Antiguo Testamento. Me acordé de las canciones de mi adorada Loreena y no pude evitar sonreír.

24 de abril, 2014
Venecia, la ciudad enmascarada, ha entrado hoy en mi vida con la suavidad y elegancia de las góndolas que se deslizan silenciosas por sus muchos canales. Me he puesto en la piel de los hermanos Covenant y el pelirrojo Banner al pasear por la Plaza San Marcos, sintiendo la emoción del libro en el cual subieron al antiguo campanario. Como ellos, me he desilzado por las intrincadas callejuelas, enamorándome de cada detalle, cada olor, cada rostro que veía en mi caminar sin rumbo.
Me hubiera gustado ponerme un antifaz y perderme entre la multitud sin rostro, o entrar por una puerta del tiempo -si no recuerdo mal, aquella que se encontraba en propiedad del mismo Peter Dedalus- para aparecer en la Venecia del siglo XVIII y aventurarme en aquel libro que me dejó una huella húmeda de agua de canales.

25 de abril, 2014
Pisa fue corto y estresante. Tras una mala noche para todos, dos atascos y unos cuantos mareos dentro del autocar no hicieron sino minar el ánimo de cuantos se podían mantener despiertos. Tras eso, un breve paseo por los puestecitos y las tiendas de alrededor de la torre inclinada y vuelta al autobús, para pasar la tarde entera en ruta hacia Civitavecchia. Una vez allí, tomar el barco -que hace una semana acabé aborreciendo- y vuelta a la patria.
Hoy ha sido cuando más me he fijado en los paisajes italianos, en especial los de la hermosa Toscana. Los campos verdes, las casas con soportales y el telón de fondo de montañas no hacían sino aumentar esa melancolía contagiosa que invadía el autobús.
Quiero volver a sentir el calor del Mediterráneo que abraza la Península Ibérica. El tiempo fuera hace pensar en lo que se deja atrás.

Bruma.

Hacía algo de viento, aunque la vuelta fue peor...

No podía olvidarme de ellos.
La de historias que podrían contarnos estas piedras...

El sueño de un místico.

A veces creía que podría hacerme creyente y todo.

De aquí salían las fieras en el Coliseo.

¡Ese dire!

Casualmente, visitamos Roma el día de su Navidad.

Con mucho gusto me hubiera perdido en Roma para siempre...

El Moisés de Miguel Ángel.

En Roma vimos cosas bastante pintorescas.

Degusté uno de los famosos tartufos.

La Fuente de los Cuatro Ríos.

No sólo los del Renacimiento son grandes.

La verdad es que se trataba de una metrópoli que tenía de todo... además de turistas.

This is us!

¡Con Pedro en San Pedro!

Unos turistas más entre la multitud...
Foto extraña mientras compraba en uno de los muchos puestecitos.

La verdad es que se lo montan bien.

Ya van casi diez años, ricitos.

¡Lo mismo te digo!

Y esta soy yo. Creo que es la primera vez que publico una foto de cara bien clarita en este blog. Lo siento si os parezco muy fea; no me miréis.

A estos dos viejos amigos también los pillé para foto.

A alguna le molan los tíos legales...

San Pietro.

¿He dicho ya lo bien que se lo montan?

¡Con uno de estos hablé yo en francés!

Impresionante.

En qué pensarían hace cinco siglos...

Me iba a marear.

En pesrona se veían mejor que en el libro de Historia.

Ellas también forman parte de la Historia, y sus lágrimas arrasan multitudes como mareas ardientes.

Esto no estaba permitido, pero nosotros lo conseguimos. El Ejido to the power!


Juventud viajera. Modelo: cortesía de mi buen amigo Pedro, el primer cazado para foto por ahí arriba.

Mi buena y sensata Rocío. ¡Qué habría sido de mí sin ella por Italia! Creo que me habría quedado allí perdida, tal como tengo la cabeza...

Nada que decir cuando sobran las palabras.

Adoro la catedral de Florencia.

He aquí el sueño de un arquitecto al que llamaron loco.

Neptuno y una nereida.

La primera copia del Miguel Ángel.

Por aquí pasaba Leonor de Toledo.
Perseo con la Medusa... TORCIDOS AMBOS. Perdonadme este fallo.
Nos vamos acercando al Puente Viejo...
Ya casi estamos en el Puente Viejo...
Desde el puente se ve la cúpula de la catedral. Impresionante.

Creo recordar que esta escultura era posterior al resto. No me hagáis caso.



Los florentinos y su sentido del humor.

A Venecia en busca de tíos buenos como este.

¡Y ya estamos en Venecia!

Más carisma del que imaginaba...

Si algún día vuelvo, no me perderé ese carísimo paseo en góndola.

¡Mamá, papá, estoy dentro de una novela de Ulysses Moore!

Mis ojos se quedaban pegados a todo lo que veían.

Parece salido de una historia...


Incluso las farolas superan a las de mi tierra.

Aquí me quedaba para siempre escondida del resto del mundo.
La única vez en todo el viaje que sostuve un mapa en mis manos.

¡Y al fin la vi!
Siento que tengáis que torcer la cabeza. Es culpa de mi ordenador. Se os va a poner el cuello como la torre entre esto y el Perseo.




 ¡Hasta pronto, Italia!









lunes, 5 de mayo de 2014

Queen of the Wild.

Simona no sabe si lo que siente es un espejismo o se trata, por el contrario, de una realidad tangible y duradera. Lo único que tiene por auténtico es que ciertas libélulas se han adueñado de su corazón y revolotean a su alrededor; si bien es cierto que no son plateadas, sí que es verdad que su zumbido hará daño al oído como no se les haga caso.
Simona juega a los dados con un príncipe extranjero, y los dos han sacado un siete, cada uno en su alfabeto. El extraño hombre ha llegado nuevo a la tierra de las libélulas de plata, quienes no ha mucho aún que desaparecieron de la vista, y no conoce ni la parla ni las costumbres. Sólo vaga errante, y Simona lo ha cazado en mitad de la multitud. Como tigresa juguetona, ronronea y lo rodea con su perfumada cola, tratando de hacerse notar con sus rayas naranjas y negras en mitad de esta selva de criaturas, cada cual más exótica que ella.
Simona no tiene ni idea del por qué de esta danza estúpida; si su príncipe extranjero fuese el más valiente, el más gallardo o el más sabio quizás podría darle una explicación a su locura pasajera. Sin embargo, no lo es, ni se acerca a serlo. ¿Por qué entonces Simona la extravagante, Simona la exigente, posó sus ojos sobre un príncipe extranjero en un mundo por el que se pasean con la barba al aire dos mil millones de aquiles y odiseos?
Simona no tiene ni idea de nada, sólo de que siente y quiere seguir sintiendo. Simona se deja llevar con el viento de Oriente, y por una vez permite que su cuerpo se transforme en el de un enorme felino a rayas. Por fin manda el ser salvaje que habitaba el corazón de la pobre Simona. Simona, "la que escucha, la que ha hecho votos", ahora quiere que la escuchen a ella, y rugirá lo más alto posible, para que su voz se eleve en la noche oscura de la selva.

Bruma, verborrea surgida de la necesidad de ser salvaje.

sábado, 3 de mayo de 2014

"Resulta cuando menos curioso que la gente piense que los ángeles están en la tierra para ayudarlos, cuando son ellos, los vivos, los que ayudan a los ángeles"

Tonya Hurley, Ghostgirl: loca por amor

viernes, 2 de mayo de 2014

Curioso lo que me ha sucedido hoy.

Esta semana es la Feria del Libro en mi pueblo, como en muchos otros lugares, y las librerías han montado sus puestos en la Plaza Mayor para vender con algo de descuentos sus productos. Yo iba paseando con una amiga, perdiéndonos las dos en ese mar de páginas, cuando nos acercamos por casualidad a uno de los puestos de una librería en especial, buscando nada en concreto, y escuchamos una melodía muy particular...


Fue automático: mirarmos y acercarnos corriendo a hablar con el dependiente. En efecto, como yo, el hombre en cuestión adoraba a esta mujer cuya música es prodigiosa.
Es la primera vez en mi vida que conozco a alguien a quien le guste Loreena McKennitt de corazón. Mi día ya es especial, sólo por eso, y necesitaba contarlo en algún lado.

Bruma

Glu, glu.

Hay una persona que no se preocupa por ser recordada. Es un espadachín que con su sable abre surcos en el estrellado cielo; él no quiere ser tormenta ni trueno, pero sabe Dios cómo se las apaña para caer en mi vida en forma de lluvia torrencial. Sus pasos rítmicos me abren heridas en la piel y cuando escucho esa voz potente me dan ganas de remar en mi barco de cáscara de nuez y arrojarme por la borda hacia las profundidades del mar, donde en lugar de transformarme en sirenita feliz, me convertiría en un pez espada para combatir el sable de mi elegante espadachín. Él me ganaría, y yo debería volver a las profundidades de mi océano en busca de algún pececillo incauto al que comerme para sentirme fuerte, invencible.
Los pájaros vuelan por el cielo y yo quiero escaparme con ellos, tener plumas y bolsas de aire dentro del cuerpo, y saludar al sol, a las nubes y a las estrellas, ésas a las que daña mi espadachín con su sable mágico. En mi diario de sueños contaría mentiras, como que por el mar corre la liebre y por el monte las sardinas, y dibujaría cosas imposibles con las que atacar crudamente a los que dicen que la imaginación es inútil, que no sirve para nada. Porque para mí, y no sé si para mi espadachín, la imaginación es el arma más potente del ser humano.

Bruma

Mi pequeña y enigmática Snorri.

Snorri es pequeñita, ligera y suave como la seda. Su pelo corto posee el negro brillante del azabache sólo hasta la punta de la cola, la cual es blanca como una paloma de la paz. Podría decirse que, al igual que al legendario Aquiles, la sumergieron en una fuente agarrada por dicho extremo del cuerpo, con la diferencia de que a ella la empaparon con tinta de calamar.
Sus ojos son verdes como el corazón de un pistacho, y están rasgados en diagonal imitando al fruto del almendro. Sus orejitas, puntiagudas y pequeñas, son de cartílago recubierto de suave pelusa amelocotonada, tan negra como el resto de su cuerpo.
Snorri tiene un hocico fino, menudo como ella, que usa para husmear cuando no está asustada del enorme y ancho mundo, que con creces en tamaño la supera. Por las noches, cuando el universo entero se encuentra en calma y no hay ruidos que quiebren su delicado equilibrio, esta mariposilla negra que es mi gata viene, juguetona y danzarina, a restregarse contra mis pantorrillas, a acariciar mi piel con su suave pelo azabache; me deja entrever a medias los misterios de su condición felina, lo que se esconde en el alma de esa pequeña brujita oscura. Yo me pregunto, ilusa, si ese puntito de luz que adorna su cola representa lo poco que la conocemos en realidad, mientras que el resto de su pelo, negro como el carbón, equivale al misterio del animal felino, aquello que el resto de criaturas no puede alcanzar: esa mezcla de belleza, agilidad, seducción, enigma y fuerza que son los hijos del Dientes de Sable.

Bruma