sábado, 17 de mayo de 2014

Bonito el futuro que imaginaba Orwell para la Humanidad.

¿Hubo siempre estas vistas de decrépitas casas decimonónicas, con los costados revestidos de madera, las ventanas tapadas con cartón, los techos remendados con planchas de cinc acanalado y trozos sueltos de tapias de antiguos jardines? ¿Y los lugares bombardeados, cuyos restos de yeso y cemento revoloteaban pulverizados en el aire, y el césped amontonado, y los lugares donde las bombas habían abierto claros de mayor extensión y habían surgido de ellos sórdidas colonias de chozas de madera que parecían gallineros? Pero era inútil, no podía recordar: nada le quedaba de su infancia excepto una serie de cuadros brillantemente iluminados y sin fondo, que en su mayoría resultaban ininteligibles.

George Orwell, 1984

miércoles, 14 de mayo de 2014

Pobrecita Tauren llorona.

¿Y quién te ha dicho a ti nunca, estúpida ilusa, que puedes entrar en la vida de nadie a desbancar primeros puestos y barrer recuerdos como si fueses una trituradora letal para los sentimientos? ¿Quién te has creído que eres, una mataharis? ¡Venga ya! Me da hasta risa de mirarte, vistiéndote de colorines, peinándote, creyéndote guapa y simpática, con tu sonrisa cursi, pensando que vas a por todas cuando en realidad lo que haces es el ridículo, y solamente el ridículo.
Te alteras con nada, te levantas las faldas, te das unos aires de Simona que tú misma te los pisas con la punta de las zapatillas, y te crees que así vas enamorando hasta a las palomas que te pasan por encima. ¡Qué ingenua! Se cree maneater y sólo es una bullshit.
Desde tu más hondo corazón te torturo, pobrecita niña, para que aprendas de una vez por todas que el mundo nunca va a estar a tus pies, porque ni tú eres Atenea ni yo soy un prodigio.
Atentamente, 
tu conciencia.

martes, 13 de mayo de 2014

Los argumentos de la Ciencia.

Cierto es todo lo que el señor penitenciario ha dicho en tono de broma. Pero no es culpa nuestra que la Ciencia esté derribando a martillazos un día y otro, tanto ídolo vano, la superstición, el sofisma, las mil mentiras de lo pasado, bellas las unas, ridículas las otras pues de todo hay en la viña del Señor. El mundo de las ilusiones, que es, como si dijéramos, un segundo mundo, se viene abajo con estrépito. El misticismo en Religión, la rutina en la Ciencia, el amaneramiento en las artes, caen como cayeron los dioses paganos: entre burlas. Adiós sueños torpes; el género humano despierta, y sus ojos ven la claridad. El sentimentalismo vano, el misticismo, la fiebre, la alucinación, el delirio, desaparecen, y el que antes era enfermo hoy está sano, y se goza con placer indecible en la justa apreciación de las cosas. La fantasía, la terrible loca, que era el ama de la casa, pasa a ser criada... Dirija usted la vista a todos lados, señor penitenciario, y verá el admirable conjunto de la realidad que ha sustituido a la fábula. El cielo no es una bóveda, las estrellas no son farolillos, la Luna no es una cazadora traviesa, sino un pedrusco opaco; el Sol no es un cochero emperejilado y vagabundo, sino un incendio fijo. Las sirtes no son ninfas, sino dos escollos; las sirenas son focas; y en el orden de las personas, Mercurio es Manzanedo; Marte es un viejo barbilampiño, el conde de Moltke; Néstor puede ser un señor de gabán que se llama monsieur Thiers; Orfeo es Verdi; Vulcano es Krupp; Apolo es cualquier poeta. ¿Quiere usted más? Pues Júpiter, un dios digno de ir a presidio si viviera aún, no descarga el rayo, sino que el rayo cae cuando a la electricidad le da la gana. No hay Parnaso, no hay Olimpo, no hay laguna Estigia, ni otros Campos Elíseos que los de París. No hay ya más bajada al Infierno que las de la Geología, y este viajero, siempre que vuelve, dice que no hay condenados en el centro de la Tierra. No hay más subidas al cielo que las de la Astronomía, y ésta, a su regreso, asegura no haber visto los seis o siete pisos de que hablan Dante y los místicos soñadores de la Edad Media. No encuentra sino astros y distancias, líneas, enormidades de espacio, y nada más. Ya no hay falsos cómputos de la edad del mundo, porque la Paleontología y la Prehistoria han contado los dientes de esta calavera en que vivimos y averiguado su verdadera edad. La fábula, llámese paganismo o idealismo cristiano, ya no existe, y la imaginación está de cuerpo presente. Todos los milagros posibles se reducen a los que yo hago en mi gabinete, cuando se me antoja, con una pila de Bunsen, un hilo conductor y una aguja imantada. Ya no hay más multiplicaciones de panes y peces que las que hace la industria con sus moldes y máquinas, y las de la Imprenta, que imita a la Naturaleza sacando de un solo tipo millones de ejemplares. En suma, señor Canónigo del alma, se han corrido las órdenes para dejar cesantes a todos los absurdos, falsedades, ilusiones, ensueños, sensiblerías y preocupaciones que ofuscan el entendimiento del hombre. Celebremos el suceso.

Benito Pérez Galdós, Doña Perfecta

domingo, 11 de mayo de 2014

Aires de Simona.

Y yo desde mi sitio les pregunto a ustedes, señores opositores a un derecho fundamental de la misma mitad de la población, el por qué de esa negación ante una falta grave de la sociedad, el por qué de ese encogerse de hombros y levantar las manos cuando se reclama algo que no tiene motivos para ser denegado.
Afirman ustedes que la sociedad es desgraciada contando con la participación activa de sus mujeres. Pues explíquenme, aquí y ahora, el motivo elevado por el cual yo, mujer, no puedo votar según ustedes, teniendo como tengo una vida en la comunidad, siendo como soy parte de la sociedad, y poseyendo como poseo el mismo cerebro del que fueron dotados ustedes.

Bruma, texto para clase de Historia.
El ejercicio consistía en ponerme en el lugar de Clara Campoamor y emular su discurso en las Cortes defendiendo el voto femenino en 1931.

sábado, 10 de mayo de 2014

"Sólo tenerte cerca, siento que vuelvo a empezar..."


Me estoy dejando caer.

Lluvia de bolitas de colores. Como decía, locura pasajera.
Mis profesores me preguntan qué me pasa. Mis amigos me ven rara e, incluso, algunos me evitan. Creo que hasta mis gatos huelen algo extraño en mí.
Y yo no sé qué responder cuando me miran como si fuese un muro impenetrable. Unos y otros me escrutan, dudosos, y tratan de penetrar en mi alma turbulenta con los ojos, pero no lo consiguen.
Si yo contara lo que tengo por dentro no me entenderían, y la poca gracia que tiene mi vida en este momento se perdería. La chispa de vidilla que da al cuerpo esa emoción del reto planteado día a día, el hecho de tener un secreto que nadie más conoce, es lo que me hace levantarme cada mañana, aunque sea con la pierna izquierda y arrastrando el cuerpo entero. Si gritase al mundo qué me pasa, como tenía hasta hace poco por costumbre, no me entenderían. Me tomarían por loca, por tonta o por ilusa; incluso por un poco superficial. Pero yo me comprendo y sé lo que siento.
Aquella canción de Queen decía "I want it all, and I want it now". Eso mismo digo yo.
Noto que me estoy dejando caer, y es una intuición acertada. Quiero que se acabe ya el sudar la gota gorda, porque mi cuerpo no da para más. Se me ha ido la cabeza al completo y no queda espacio en ella para pensar en cosas coherentes. Ahora mismo mi cerebro es una explosión de platillos volantes, chisteras de las que salen conejos blancos en busca de su zanahoria y duendecillos que bailan música irlandesa mientras agitan tréboles de cuatro hojas. Un paraíso, vamos.
Quien tenga una medicina para la locura pasajera de cuarto grado que me avise. Un saludo, gracias por leer este blog de momentos depresivos.

Bruma

viernes, 9 de mayo de 2014

"El pasado oscuro que nos perseguía un día dejó de hacerlo"

"Éramos imparables, invencibles. Un grupo de mujeres resurgidas de sus cenizas, llameando como el ave fénix. Salidas de la miseria, después de ser tratadas como escoria, habíamos hallado en aquella danza salvaje un puente luminoso hacia la felicidad. El baile era nuestra vía de escape hacia el nirvana, un derroche de erotismo pretencioso que guardaba más secretos de los que descubría.
Las notas se deslizaban por nuestras curvas como el agua de un río que fluye, fuerte el torrente de su poderoso caudal, y esa voz, también femenina, encendía en nuestros corazones en explosiones de color y de sonido que hacían temblar el cielo.
Nosotras nos encontrábamos por encima de todo lo mundano, de todo lo gris que arrastraban nuestras vidas. Ya no éramos sumisas debiluchas, ya no nos dominaba ninguna fuerza viril; ahora éramos fuertes, nuestros espíritus se hallaban alto en el cielo y destrozábamos todo aquello que nos intentase derrotar"

S.