
Las notas se deslizaban por nuestras curvas como el agua de un río que fluye, fuerte el torrente de su poderoso caudal, y esa voz, también femenina, encendía en nuestros corazones en explosiones de color y de sonido que hacían temblar el cielo.
Nosotras nos encontrábamos por encima de todo lo mundano, de todo lo gris que arrastraban nuestras vidas. Ya no éramos sumisas debiluchas, ya no nos dominaba ninguna fuerza viril; ahora éramos fuertes, nuestros espíritus se hallaban alto en el cielo y destrozábamos todo aquello que nos intentase derrotar"
S.
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